Una casa enorme y carísima
con jardín y pileta.
Tres mucamas. Dos meses
en Punta todos los veranos.
Viajes a Europa y a
Estados Unidos.
Ropa nueva todos los meses.
La mejor. La más cara. El último
celular, el último IPod, el
último televisor lcd, uno en
cada habitación.
Los mejores colegios, el
mejor country de fin de
semana.
Los amigos, de las mejores
familias. Una moto antes de
los 16. El auto antes de los 18.
Fiestas todos los sábados.
Creí, por un momento
que eso era felicidad.
Y mientras tanto,
la dejé escapar.